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martes, 7 de mayo de 2013

Escalopines rellenos de trigueros con crema de patatas y calabacín o lo qué aprendí sobre los sentidos

Como sabéis los que me leéis habitualmente, acabo de regresar de un viaje maravilloso por el norte de España.
Tenía pensado contar anécdotas y fotos sobre el mismo, pero ha sido tan grande la experiencia vivida que me gustaría expresar con palabras, los sentimientos que he tenido, antes que las imágenes o la descripción del circuito.

Pongo música, una canción que siempre me ha encantado,  la misma que el conductor del bus nos puso varias veces para mi alegría,  así los recuerdos del viaje empiezan a fluir..
 Casi ninguno del pasajeros de mi autobús la podía oír porque  dos terceras partes del mismo eran sordomudos.





El viaje era uno de estos muy económicos que hacen para los mayores y consistía en un circuito por Asturias y Cantabria, nuestra ilusión por volver por esas tierras que tantos buenos recuerdos nos traen nos impulsó a apuntarnos de inmediato. Doce horas de duración del bus desde Granada a Cangas de Onis, no nos amedrentaban,  la ilusión del viaje era suficiente antídoto contra el cansancio.


Al subir al autobús nos empezamos a dar cuenta que, algo extraño sucedía.. un silencio sepulcral roto en breves momentos por algunos extraños sonidos, nos hizo sentir una sensación incomoda e insegura. Al acomodarnos empezamos a ver como los demás pasajeros movían sus brazos y manos de manera nerviosa y atropellada, fue entonces cuando nos dimos cuenta que, ni nos oían ni podían hablar, empezaron a mirarnos y nos sonreían, nosotros estábamos un poco intimados y preocupados, parecía que sólo la guía y el chófer  se podían comunicar normalmente con nosotros.
Casi de manera inmediata empezaron a tratar de relacionarse con nosotros y los pasajeros de delante, nos empezaron a explicar mediante gestos , que eran una asociación de Granada y que era la primera vez que iban a viajar al norte de España, también que estaban muy nerviosos y nos indicaron que nos pusiéramos atrás porque ellos no querían estar separados, sino todos juntos.
Así lo hicimos.

Pronto se presento el guía interprete que los acompañaba, un estudiante en prácticas del idioma de los signos  que , casualmente, es de Almuñecar. A partir de entonces empece a observarle y a entender porqué,  esa profesión puede ser, no sólo un trabajo y una vocación,  sino también, una manera de repartir felicidad a los demás.

A lo largo del viaje, le he visto gritar en silencio, llorar observando y bromear riendo a carcajadas que sonaban como lamentos. En todos, los casos, la pasión, la sensibilidad, el cariño y los sentimientos de mis mudos compañeros de viaje,  me llegaban como si ellos estuvieran hablando.
Los abrazos, las miradas y su precioso lenguaje gestual era suficientemente expresivos como para dar a entender lo que estaban sintiendo en esos momentos.


No todos los sentidos son iguales, la vista y el tacto, son unos medios de comunicación vitales y poderosos que pueden suplir la carencia del habla y de la sordera y no impedir el desarrollo de la sensibilidad que todos llevamos dentro.
Por otro lado y siguiendo con mi reflexión sobre el tema,  me di cuenta que el gusto y el olfato son sentidos, que también despiertan sentimientos,  pero focalizados en temas sensoriales en un  segundo orden vital,  como el disfrute de la gastronomía.

 lLa gastronomía tiene que potenciar las cualidades organolépticas ( es decir, l  sabor, textura, olor y color) de cada plato y comprendí que, ni el habla ni el sonido son imprescindibles en su mundo para disfrutar de ello, me lleve una alegría enorme ! 
Un plato como el que presento hoy, pueden apreciarlo en toda su plenitud.



Muchos momentos han quedado grabados en mi retina, pero quizás uno de lo más vibrantes fue cuando en el parque de Cabárceno entramos en el recinto habilitado para los orangutanes, una madre con su cría se alimentaba mientras ella mamaba de su pecho, treinta y tantos corazones con las cabezas pegadas en el cristal que nos separaban de ella, mirábamos emocionados el momento, entonces y sólo entonces comprendí, finalmente que para comunicarnos, tanto seres humanos como los animales no necesitamos para nada el habla, casi este sentido sobra, basta por cambiarlo por el instinto y el cariño para entenderlo todo.





El brillo de los ojos y los gestos en nuestros semblantes fueron suficientes para entender lo que todos sentimos a la vez. 

En el viaje de regreso y antes de la despedida comprendí que este viaje, había supuesto una lección en mi vida que no olvidaré jamas.


Me quedo con los abrazos y besos de despedida, con las miradas compartidas en los momentos felices y con una experiencia que recordare siempre, porque ahora puedo valorar, en su justa medida,  la importancia de cada uno de nuestros sentidos.
Este plato y esta publicación va dedicada a mis compañeros de viaje, a su guía Armando y a los pocos oyentes que les acompañamos en el autobús. Nuestras vivencias han sido tan enriquecedoras  para todos que unidos, guardaremos estos recuerdos en nuestra mente, en el huequecito que tenemos para las "historias hermosas de nuestra vida"


Ingredientes para 2/3 personas:

-3 filetes finos de magro de cerdo o filetes finos de ternera
-10 o 12 espárragos trigueros finos a los que quitaremos la parte dura(mas o menos por donde veis la goma en la foto)
-3 lonchas de pancetilla  o bacon cortado muy fino
-4 lonchas de queso blando, puede ser de nata o mozarella
-1 vaso de agua (250cl ) de leche evaporada ideal
-1 calabacín mediano pelado y cortado a trozos
-1 vaso de agua (250 cl) de agua
1 patata grande o 2 medianas cortadas a trozos
-2 cucharadas soperas de mantequilla
-Sal,pimienta, aceite de oliva virgen extra y perejil.

Elaboración:

1.-En una cazuela ponemos el calabacín y la patata a cocer  con el vaso de agua, un poco de sal y la mantequilla. Tendremos cociendo 20 minutos a fuego suave (al 4 en mi vitro) y cuando comprobemos que están tiernos añadimos la leche evaporada,  apagamos el fuego y reservamos. Precalentamos el horno, sólo con el gratinador. a 180 º.

2.- Con el mazo del mortero aplanamos todo lo que podamos los filetes para dejarlos lo más finitos posibles, recortamos la grasa que pudieran tener. Ponemos una plancha o una sartén con unas gotas de aceite, a fuego fuerte (al 8 en mi vitro) y cuando esté bien caliente, los pasamos por ella vuelta y vuelta, de manera que cojan color y punto. Reservamos  y sazonamos con un poco de sal y pimienta.




3.- Por la misma plancha y sartén marcamos primero el bacón a trozos y después los espárragos, estos últimos los haremos con la grasa que haya soltado el bacon  y bajando el fuego los tendremos como unos 3 minutos que nos queden hecho pero algo al dente. Reservamos todo. Seguimos reservando la sartén con sus jugos pegados sin lavar que nos interesan y mucho.



4.- Rellenamos los escalopines con el bacon y el queso,ponemos encima los esparragos, sazonamos,  hacemos rollitos y cerramos con un palillo. Los metemos al horno a gratinar con media loncha de queso por encima y un poco de perejil. (Este plato lo podemos tener preparado con antelación hasta este paso y sólo ponerlo a gratinar cuando vayamos a comer) en mi horno en 4 minutos estuvieron en su punto.



5.-Trituramos los calabacines y patatas con la batidora para hacer la crema, la vertemos en la sartén  utilizada para las elaboraciones anteriores y la calentamos alli, con una cuchara de madera  raspamos (desglasamos) los jugos pegados para mezclarlos con la crema, damos un ligero hervor y lista. Sacamos los espárragos del horno y podemos emplatar.




6.-Ponemos en el fondo del plato la crema de calabacín y encima disponemos el rollito relleno podemos regar con unas gotas de aceite de oliva y a la mesa a comer recién hecho...

Ah! y quitar los palillos, que a mi se me olvido en la foto ja, ja pero tranquilos que no se rompen...!!

Con esta receta quiero participar en el reto de Mayo productos de temporada del grupo del blog y grupo de google+ Cocineros del mundo en el apartado salado con los espárragos y os animo a todos a participar en él.
Este mes tenemos dos productos espárragos y albaricoques .. a escoger



El calor de un abrazo y el valor de una mirada no necesitan palabras para comunicar amor.